miércoles, marzo 01, 2017

"Conviértete y Cree en el Evangelio"




El tiempo de Cuaresma es un tiempo de gracia para todos nosotros; es otra oportunidad que nos da el Señor para quitar de nosotros el pecado, la discordia y todo lo que nos hace daño. 

Es un tiempo para poner atención y reflexionar con atención esmerada a la invitación de San Pablo: 

“Como cooperadores suyos que somos, les exhortamos a que no reciban en vano la gracia de Dios… Este es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación”. (2 de Corintios 6:1)

Preguntas para su reflexión personal de esta semana de Ceniza.

1.      ¿De que debemos arrepentirnos? 

2.      ¿Qué cosas debemos de cambiar en nuestra vida personal y comunitaria?

3.      ¿Cómo esta mi vida de oración? ¿De qué debo de ayunar? ¿Qué debo de dar?

Oremos con el Salmo 50
Misericordia, Señor, hemos pecado… 

Lupita Vital Cruz
Directora del Apostolado Hispano
Diócesis de San Jose California 
vital@dsj.org

viernes, febrero 10, 2017

¿Qué tiene que ver el Miércoles de Ceniza con la Cuaresma?






La temporada de Cuaresma se enfoca principalmente en dos aspectos de la vida Cristiana. Primero, recordamos nuestro Bautismo y reflexionamos sobre este junto con aquellas personas que se preparan para ser bautizadas.
Segundo, analizamos que tan bien o pobremente hemos vivido nuestras promesas bautismales. Así, pues, observamos con más intensidad las disciplinas penitenciales cristianas con tal de vivir más fielmente las promesas que hicimos, o vamos a hacer, en el Bautismo. Al hacer énfasis en estos dos puntos, la Iglesia se prepara para la gran temporada de Pascua cuando aquellas personas que no son cristianas todavía son bautizadas y los ya cristianos renuevan sus promesas bautismales.

Debido a que frecuentemente fallamos en vivir nuestro llamado bautismal pecamos de formas que afectan nuestra relación con Dios, con nuestro prójimo, y con el mundo. Por esa razón, la penitencia Cuaresmal no solamente busca la conversión interna y la obediencia a Dios sino también signos de una reconciliación externa con la Iglesia, con la sociedad, con las personas a nuestro alrededor, y la creación. De tal manera, la Iglesia nos invita a seguir más intensamente tres disciplinas: la penitencia, oración, ayuno, y actos de caridad. 

Ceniza
La Cuaresma da comienzo con el Miércoles de Ceniza, y es bueno recordar que la ceniza no es magia ni tampoco un Sacramento. Es un sacramental, por el cual la Iglesia nos invita a reconciliarnos y a pedir perdón. La Cuaresma, es el momento de mostrar nuestro crecimiento espiritual desde el fondo de nuestro corazón, es el momento de responder a la gracia de Dios, desde lo profundo nuestra humanidad.
La Iglesia nos enseña que los sacramentales son señales de fe y que los símbolos cristianos tienen significado. La costumbre del pueblo Hispano de tener objetos benditos de decir oraciones especiales, y de hacer y vivir signos, es muy antigua.

El Vaticano II, nos dice que, “Revísense los sacramentales, teniendo en cuenta la norma fundamental de la participación consiente activa y fácil de los fieles, y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos.” (SC número 79). El Catecismo de la Iglesia Católica en su (número 1667-1679) nos da pautas importantes a seguir y a poner atención de que en los sacramentales se debe de considerar la importancia de la catequesis en la piedad de los fieles dentro de la Religiosidad Popular, y de las diversas culturas que atienden a la celebración de la Ceniza.

Oración
Durante la Cuaresma, somos motivados a participar más frecuentemente en la Eucaristía, no solo los domingos pero también los días tradicionales cuando se observa la penitencia, como el viernes. Este es un tiempo especialmente benéfico para celebrar el Sacramento de la Penitencia así como otras liturgias de la Iglesia, tal como Noche de Oración y adoración y bendición del Santísimo Sacramento. Otras devociones como las estaciones del vía crucis, vigilias, y servicios de oración, son recomendadas. Prácticas individuales también son sugeridas tales como la oración diaria, leer la Sagrada Escritura, la lectura espiritual, dar limosnas, privarse de gustos personales, y cuidar y dar servicio a los enfermos y a los pobres.

Ayuno y Abstinencia
Negarse o limitarse en las comidas es una práctica tradicional de penitencia. Durante la Cuaresma, todas las personas de 18 años en adelante y hasta al día siguiente de haber cumplido 59 años, están obligadas a observar el ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

El ayuno consiste en una comida al día sin carne roja. Se pueden consumir otras dos comidas pequeñas que no contengan carne. Pero estas dos, juntas, no deben de equivaler a una comida completa. Los líquidos, como la leche y el jugo, se pueden tomar entre comidas. Si la salud o el trabajo se ven afectados, la persona no está obligada a ayunar. Se recomienda que las personas observen, de manera privada, el ayuno todos los días de la Cuaresma.

Los párrocos y los padres de familia deben de asegurarse que los niños, quienes no están sujetos a las reglas del ayuno y la abstinencia, sean catequizados en el sentido auténtico de la penitencia, la conversión, y la reconciliación. La abstinencia de comer carne se observa solamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo y si es posible todos los viernes durante Cuaresma. Todos los fieles están sujetos mediante las leyes de la Iglesia a abstenerse de comer carne a partir de los 14 años de edad.

Deberes de la Pascua y la Sagrada Comunión
Todos los fieles, después de haber hecho su Primera Comunión, están obligados a comulgar por lo menos una vez al año. Este precepto se debe de cumplir durante la temporada de la Pascua a menos que esta regla sea cumplida durante cualquier otra temporada del año si existe una explicación justa. En los Estados Unidos, conforme a esta regla, la temporada de Pascua comienza el Primer Domingo de Cuaresma y concluye el Domingo de la Santísima Trinidad (el Domingo después de Pentecostés).

Sacramento de la Penitencia
Después del Bautismo y de hacer un examen cuidadoso de conciencia, los fieles Cristianos están obligados a participar en el Sacramento de la Penitencia, si es que existe conciencia de pecado grave que no ha sido reconocido y confesado individualmente. Se recomienda que los pecados veniales sean también confesados. Los fieles adultos que ya tienen un entendimiento del pecado están obligados a confesar sus pecados graves al menos una vez al año.

Lo más importante en esta temporada de Cuaresma es el saber girar nuestro corazón a Dios y darnos cuenta que la ceniza que ponemos en nuestra frente al comenzar la Cuaresma no es magia, ni mucho menos un mito. Es, sin embargo, un compromiso que nos lleva y acerca cada día más al Señor.

©Lupita Vital
vital@dsj.org

martes, diciembre 06, 2016




La Palabra se Hizo Carne y Vivió entre Nosotros
 
Al comenzar a prepararnos para celebrar el Adviento, automáticamente estamos caminando con María para recibir al Señor Jesús, y por lo tanto debemos de preparar y esperar tal como lo hizo ella. No podemos llegar a la Navidad sin ver la grandeza del “Sí” de María. La Biblia nos dice que apenas unos cuantos días de embarazo la Virgen María fue presurosa hasta las montañas ubicadas en Judá, para visitar a su prima Isabel. (Lucas 1:39-56).

La Iglesia
nos invita a celebrar a la Virgen María desde el 21 de noviembre. En esta fecha se festeja la Fiesta de la Presentación de María al Templo. Desde este tiempo se puede tener un poco el sabor del Adviento, ya que es Ella la que nos trae y lleva a Jesús para un cambio en nuestra vida.

En diciembre celebramos dos grandes fiestas de la Virgen María, que son la Inmaculada Concepción de María y cuatro días después celebramos con gran fervor la Virgen de Guadalupe Patrona de las Américas. No cabe duda es María la portadora del Adviento.
¿Pero cómo podemos aumentar nuestra espiritualidad Mariana? ¿Qué podemos admirar en María que nos ayude a llegar a Jesús? ¿Cómo nos enseña María a practicar la justicia en nuestra comunidad, familia y sociedad?

Los siguientes
puntos nos pueden ayudar a completar nuestra jornada de Adviento, guiados por María.

María fue una persona que supo encarnar al Hijo de Dios dándole la vida y siendo su discípula fiel hasta la cruz, por lo tanto debemos de reflexionar a fondo en la forma en que Ella respondió al ángel en la Anunciación (Lucas 1:26-38). María amó hacer la voluntad de Dios durante toda su vida y en esta ocasión brotó como fuente de agua cristalina el amor interno en el “Sí” y se hizo externo para alegría de todos nosotros.
¿Cómo es tu relación personal con Dios? ¿Puedes dar un si externo a lo que Dios te pide cada día de tu vida?

María supo
esperar y a la misma vez estaba presente en la hora de Dios. O sea viviendo el tiempo presente de su tiempo. No fue una mujer pasiva sino todo lo contrario, hace realidad su experiencia de Dios en su jornada de fe. Lo demuestra acompañando a Jesús desde el momento de su concepción hasta el pie de la cruz.
¿Cómo es mi relación con la Virgen maría? ¿De qué forma veo y utilizo el tiempo? ¿Cuándo me detengo para apreciar la creación que me rodea? ¿Qué debo transformar en este tiempo de Adviento para mejorar mi vida?
María mujer de esperanza y gozo nos enseña la forma de ver continuamente la providencia de Dios en los sucesos de la vida cotidiana. Ella nos invita a descubrir dentro de nosotros mismos la apertura a los planes de Dios en la vida de cada uno de nosotros.
¿Dónde ve usted la providencia de Dios en su vida? ¿Cree usted que todo lo puede y que Dios es solamente para los momentos difíciles en la vida?

Deseo que
en esta segunda semana de Adviento giremos nuestro corazón hacia María que nos lleva a su Hijo Jesús. Seamos personas de esperanza y consuelo en este tiempo de crisis y de violencia. No, nos desesperemos Dios no nos abandona y la Virgen María es nuestra fiel compañera del camino. Es tiempo de proclamar con alegría. “Ven Señor Jesús.”


Oración de Adviento
María, madre del amor,
quedate con nosotros
mientras esperamos
a tú Hijo amado.
Enseñamos la paciencia de tu amor.
De esta manera caminaremos contigo
durante este Adviento.
Amén.

lunes, noviembre 21, 2016

¡Buscando a Cristo en Este Adviento!



Por ©Lupita Vital C.


“Harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas. Una nación no levantará la espada contra otra y no se adiestrarán para la guerra. Pueblo de Jacob, ven: ¡caminemos a la luz de Yavé”! (Isaías 2:4-5)

Cada minuto que sale el sol en este tiempo de invierno se siente una sensación de alegría, nuestro impulso es de movernos más rápido para hacer nuestros mandados. Pensamos, pronto, debo terminar porque la oscuridad de la noche llegará y lo que queremos es estar en casa lo más temprano posible. Hay una sensación de “prisa” que nos mueve a buscar la luz que nos llena de energía para continuar en nuestras labores cotidianas.

El Adviento, es el tiempo que nos invita a buscar la luz en la oscuridad, es el tiempo de dejar las tinieblas que nos atrofian y no nos dejan ver la luz que nos rodea. Debemos saber que el profeta Isaías, la Virgen María, Juan Bautista y Mateo nos dan pautas para vivir en la luz. Es tan sencillo, dejar las armas y buscar la paz, dejar la envidia y vivir en armonía. ¡Que difícil para estos tiempos! Pero, veamos, a que nos invita el Evangelio de San Mateo en este Adviento.

Ciclo A
Primer Domingo de Adviento (27 de noviembre de 2016)

Lecturas
Isaías 2:1-5
Salmo 122
Romanos 13:11-14
Mateo 24:37-44

“Estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá el Señor.” El mensaje de Mateo es urgente nos invita a que estemos despiertos a que veamos todo lo que tenemos y seamos agradecidos. Despertemos y veamos qué es lo que queremos celebrar en este tiempo o reformar en nuestra vida, despertemos y seamos sensibles a las realidades que nos rodean. ¡Hay tanto que ver! Examinemos, hacia dónde nos dirigimos y preguntémonos. ¿Dónde gastamos el tiempo? Vivir el momento presente es estar alertas es vivir en paz. ¿En este momento de mi vida, qué es lo Dios me pide, en qué debo estar alerta?

Segundo Domingo de Adviento (4 de diciembre de 2016)

Isaías 11:1-10
Salmo 72
Romanos 15:4-9
Mateo 3:1-12

“Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos.” Juan no nos trasmite muchos términos para ver a Dios. Sus fuertes palabras nos exponen al desierto y el sol. Seremos juzgados y es mejor que estemos preparados invirtiendo tiempo en nuestras agendas tan ocupadas en preparar el camino para que llegue el Señor. En este asunto nos dice Juan no puede haber ninguna excusa. No solamente es decorar la casa con muchas lucecitas y figuras del nacimiento, es mucho más que eso. Es darle el centro de nuestra vida a Jesús. ¿Qué haré en este Adviento para darle a Jesús el lugar que le corresponde?

Tercer Domingo de Adviento (11 de diciembre de 2016)

Isaías 35:1-6, 10
Salmo 146
Santiago 5:7-10
Mateo 11:2-11

“¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” por lo menos los discípulos de Juan andaban buscando, ellos tenía sus ojos y oídos abiertos a lo que estaba pasando. Sabían que Dios estaba haciendo algo nuevo entre ellos. Juan los había capacitado para que estuvieran alertas y así poder anticipar la acción de Dios y estar preparados a responder a ella. Uno de los retos más fuertes de estos tiempos es el capacitarnos a escuchar y poner atención.

Las cosas no son nada más porque si, como dice la gente, hay que descubrir a Dios en medio del trajín de cada día. Las lecturas de hoy nos dan un fuerte mensaje de movernos a buscar a Dios y de escuchar lo que nos dice. Durante el Adviento la Iglesia nos da la oportunidad de anticipar la venida del  Salvador, no pongamos en saco roto todo lo que podemos cambiar en esta temporada de luz. ¿Qué hábitos debo de adoptar para encontrar a Dios? ¿Cómo me puedo dar cuenta lo que Dios está haciendo hoy en mi vida?

Cuarto Domingo de Adviento (18 de diciembre de 2016)
Isaías 7:10-14
Salmo 24
Romanos 1:1-7
Mateo 1:18-24

“Cuando José se despertó… la vida no fue como se suponía que debía haber sido. En su mente el solo tenía dos opciones, el que María fuera castigada por la ley y posiblemente muriera apedreada o dejarla en secreto para no difamarla. A pesar de estas buenas intenciones que José tenía Dios le pide otra cosa completamente diferente, que creyera en algo más radical. ¡Que su mujer estaba embarazada del Espíritu Santo!

José, ahora tenía que lidiar con un tercer dilema más allá de la ley. Amar a María y llevarla a su casa como su esposa.
Cuando José despertó tenía el reto de la fe, es decir, creer en lo que el Señor le había encomendado.
En las áreas de nuestra vida donde las cosas no van como quisiéramos. ¿Cuáles son los caminos que Dios me está ofreciendo para amar y entender su mensaje?

Natividad del Señor (25 de diciembre de 2016)
Lecturas de la Misa del día.
Isaías 52:7-10
Salmo 98
Hebreos 1:1-6
Juan 1:1-18

La luz, y la vida vienen a través de Cristo Jesús. Las palabras “luz y vida” son mencionadas varias veces en las lecturas de hoy. Por la Palabra que se hizo Hombre es que tenemos la luz y vida nueva en Cristo Jesús. Hoy es el día de celebrar el amor en toda su belleza y esplendor, hoy es el día en que Dios nos colma de gracia, verdad, luz, amor, justicia y paz.
Es solo cosa de nosotros el responder a estas maravillas del “Emmanuel” el Dios vivo hecho Hombre para llenar la tierra de armonía y vivir en cada ser humano. Ojalá que hoy todas las gentes de la tierra encontremos la luz que brilla en la tinieblas. “JESUS.”

¡Feliz Navidad y próspero Año 2017 a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que luchan incansablemente por la justicia y la paz!

Lupita Vital Cruz 
Directora del Apostolado Hispano
Diócesis de San José, California


viernes, octubre 28, 2016

Día de todos los Santos y Fieles Difuntos...





“Vi un gentío inmenso, imposible de contar”. (Apocalipsis 7:9)


Todos sabemos que en Roma en las catacumbas, en las sepulturas de los primeros cristianos, se ve a menudo escrita la siguiente frase. “Vive en Dios”. Hermosa frase para expresar nuestros sentimientos de amor ante la tumba de un ser querido que ha partido al cielo. No sabemos nada de la vida que existe después de la muerte. Pero lo que sí sabemos que nuestra fe va más allá de lo desconocido y que los brazos de nuestro Padre Dios nos acogerán para siempre. (Lucas 15:11-31 parábola del Hijo Pródigo).

No cabe la menor duda, de que esta es nuestra fe y nuestra esperanza. Más allá de todo lo que vivimos en este mundo, más allá de la terrible experiencia de la ruptura de la muerte, todas las personas estamos llamadas a compartir una vida plena y definitiva. La misma vida de Dios. “Pues Dios no nos ha destinado a la condenación, sino a que hagamos nuestra la salvación por Cristo Jesús, nuestro Señor. El murió por nosotros, para que sea, que nos halle despiertos o descansando, entremos junto con él en la vida. (1 de Tesalonicenses 5:9-10)

En está celebración del Día de todos los Santos y de los Fieles Difuntos, debemos de unir nuestra acción de gracias y peticiones junto con el Señor Jesús, que nos amó hasta la muerte cruel en la cruz, y ahora resucitado de entre los muertos nos llama a seguir su mismo camino, en este mundo y en el cielo.

Nada ni nadie nos puede evitar el dolor de la muerte. Nuestra fe tampoco lo puede hacer, cuando muere un ser querido se nos rompe el alma todo se vuelve luto y desolación. Lloramos sin consuelo y pensamos que todo ha acabado.  En ocasiones cuando la muerte llega inesperadamente en accidentes, o muertes trágicas, hasta dudamos de la existencia de Dios.

Recordemos, las palabras de Jesús en la cruz. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Marcos15:34). Pero, la realidad es que Dios no abandona a ninguno de sus hijos(as), aunque a veces en la vida todo parezca oscuro, su luz está al final del camino y en los acontecimientos de nuestra vida. Muchos de nosotros queremos saber sobre la vida eterna, y poco sabemos.

Ya desde la época de San Pablo le hacían la siguiente pregunta. ¿Con qué cuerpo vamos a resucitar? ¿Cómo resurgen los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vuelven?

La respuesta de San Pablo es la siguiente. ¡Necio! nos dice, lo que tú siembras debe morir para reobrar la vida. Y nos da la siguiente explicación sobre el cuerpo. El resplandor de los cuerpos celestes, no tiene nada que ver con el resplandor de los cuerpos terrestres. También el resplandor del sol es muy diferente del resplandor de la luna y las estrellas, el brillo de una estrella difiere del brillo de otra.
 San Pablo nos explica lo que ocurre con las personas que mueren. Nos dice lo siguiente. "Lo mismo ocurre con la resurrección de los muertos. Se siembra un cuerpo en descomposición, y resucita incorruptible. Se siembra como cosa despreciable, y resucita para la gloria. Se siembra un cuerpo impotente, y resucita lleno de vigor. Se siembra un cuerpo animal, y despierta un cuerpo espiritual. Pues si los cuerpos con vida animal son una realidad, también lo son los cuerpos espirituales." (1 de Corintios 15:35-44).

¿Nosotros qué pensamos de la muerte? ¿Creemos realmente que resucitaremos? ¿Dónde realmente están nuestros seres queridos que ya se han ido? ¿Qué piensan los jóvenes al respecto?

San Pablo, ya nos ha contestado algunas dudas. Ahora veamos que nos dice el Señor Jesús al respecto. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá.” Y también nos confirma que. “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.” (Juan 11:25; 6:54). Por lo tanto, si nosotros comulgamos su Cuerpo Y Sangre en la Eucaristía, no debemos dudar que desde ahora estamos compartiendo su vida divina y al morir lo haremos para siempre.

Deseo, que los cristianos del mundo entero nos regocijemos con esta esperanza de que nuestra fe y confianza en las promesas del Señor aumenten. Que el Día de todos los Santos y Fieles Difuntos nos haga crecer en el amor de unos para con los otros.

Ojala, que la celebración no quede solamente en poner flores, comida, y fotos en los altares y en las tumbas del cementerio, sino que de verdad todo esto nos lleve a alabar al Señor junto con nuestros seres queridos que están en la eternidad gozando de su luz para siempre.

Recordemos que nuestros seres queridos.

"VIVEN EN DIOS PARA SIEMPRE"

©Lupita Vital Cruz
Vital@dsj.org